El atajo que no existe

Código Humano Fuente original

La IA no te va a reemplazar. Los estafadores de LinkedIn tampoco van a arruinar tu carrera. Y el dilema del prisionero no es solo un experimento académico.

Pero los tres estaban ahí cuando abrí las redes esta mañana. Y me enseñaron lo mismo: estamos tercerizando la única cosa que no deberíamos tercerizar nunca.

Vivimos en la era de la externalización. Externalizamos el pensamiento a las máquinas. La validación a los likes. Las decisiones a los algoritmos. Y cuando algo nos funciona, corremos a convertirlo en sistema, en plantilla, en metodología vendible.

Pero el mundo real no funciona con plantillas.

El dilema del prisionero nos enseña algo fascinante: la estrategia óptima no existe sin contexto. No hay una fórmula mágica que funcione siempre. La cooperación puede ser brillante o desastrosa. La traición también.

Y sin embargo, seguimos buscando la fórmula secreta.

Los estafadores de LinkedIn lo saben. Venden la ilusión de que existe un atajo, un sistema que nos exime de pensar. Que podemos automatizar el éxito como automatizamos una campaña de email.

La IA hace algo parecido, pero más sutil. Nos susurra que podemos delegar el razonamiento. Que la máquina puede pensar por nosotros.

Ambos nos roban lo mismo: la capacidad de navegar la incertidumbre.

Porque resulta que el pensamiento crítico no es una habilidad más. Es la única ventaja competitiva real que nos queda. No se puede sistematizar, no se puede automatizar, no se puede comprar en un curso de $900,000 pesos o recibir gratis si comentas "SISTEMA" y te envían el flujo completo.

Solo se puede practicar.

Cada día. Cada decisión. Cada vez que algo parece demasiado bueno para ser verdad.

¿Qué pasaría si, en lugar de buscar la próxima herramienta o metodología, simplemente nos preguntáramos: "¿Esto tiene sentido?"

Atajo

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